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lunes, 14 de febrero de 2011

07 VIDA DE SAN FRANCESCO El Desconcierto Juvenil


pensador
Volví a reponerme, y busqué a los amigos y comencé a frecuentar los ambientes de antes. Intentaba convencerme a mí mismo de que no había pasado nada. Permanecían en mí los mismos anhelos, aunque ciertamente otra procesión rondaba por mi interior que me obligaba a ir un poco embobado en mis pensamientos. No sabía responder a mi inquietud interior. Reconocía que había en mí un algo, aunque era incapaz de explicarlo y explicármelo; un algo semejante a cuando te preguntan: "¿Qué te sucede?", y respondes: "Nada". Un nada que no significa nada, que no sabes explicarte, que te impide comunicarte con nadie; son momentos en los que uno aparta la vista de los demás y se encierra en su propio caparazón.
musicos
Algunos se dieron cuenta de mis miradas lejanas, perdidas..., por ese nerviosismo que desconoces de dónde procede y que intentas encubrir, aunque se manifieste sin saber cómo y sin querer... Mis amigos se dieron cuenta en diversos detalles, entre ellos porque -cuentan- perdía el paso del grupo, y estando junto a ellos vivía ausente, teniendo que llamarme; me preguntaban inquietos si estaba enamorado, y mi respuesta era afirmativa... Pues sí, es cierto, me sucedía todo esto; pero era incapaz de responderles a ellos y de responderme a mí mismo. Era esa lucha que parece venir de un enemigo invisible.
pensador
Todo ello me condujo a dar una respuesta a mi existencia; aunque la primera consecuencia fue negativa: enfrentamiento cada vez más duro y persistente con mi padre, hasta el punto de que tuvo que encerrarme. Y entre mi padre, que sufría lo indecible, y yo había una tercera persona que sufría por los dos: mi madre.
Después de ser encarcelado en la prisión familiar por mi padre, habiéndose marchado en uno de sus acostumbrados viajes, mi madre me abrió las puertas de la libertad. Esa libertad que intenté buscar en la tienda, en la soledad de aquella cueva que sólo conocía un amigo íntimo, en seguir los propios planes intentando no violentar las directrices de mis padres, los consejos de los amigos... Esa libertad que parece ser luz y no es más que un relámpago que te ciega; y ahí, en la oscuridad, debes hallarte a ti mismo, verte, ver tus valores..., la necesidad que tienes de romper con lo que te deforma o no ayuda a formarte...
Bueno, todo esto se dice así, en pocas palabras, pero el proceso fue lento y larguísimo

domingo, 13 de febrero de 2011

06 VIDA DE SAN FRANCESCO De nuevo en casa


Enfermo física y moralmente, volví a mi ciudad natal, Asís, después de pasar un año en la cárcel de Perusa.
conversacion
Permanecí encerrado en casa por largo tiempo, hasta reponerme casi del todo. Luego torné a las andadas: a encontrarme con los amigos de antes, a sentarme en torno a la buena mesa, a rondar por la noche entonando cantos de amor y de amigo, a soñar... Y quise hacer realidad, de nuevo, el sueño de grandeza: llegar a ser "caballero". Se me presentó una ocasión de oro. Salía una expedición de Asís presidida por el conde Gentile, que debía unirse en la Pulla con Gualterio de Brienne, que dirigía las huestes pontificias, en nombre de Inocencio III, en contra de ciertas pretensiones imperialistas. Esperaba consagrarme "caballero" en el mismo campo de batalla. Un buen caballo bien equipado y hechos todos los preparativos, me sumé a la comitiva del conde Gentile, que se dirigía a Espoleto.
Al llegar a esta ciudad, tuvimos noticias de la muerte de Gualterio. Debido a este contratiempo, que me truncaba las aspiraciones del joven que llevaba dentro, junto con la fiebre que de nuevo me acosaba, tuve que guardar reposo. Fue tiempo de reflexión, de sueños que parecían querer dar razón a mis deseos, aunque al mismo tiempo me inquietaban, me interrogaban.
sueno
Sucedió lo siguiente: uno de esos días de mucha fiebre, revuelta la mente por los anhelos de grandeza y los obstáculos que encontraba, me detuve en sueños en un palacio grande y lujoso, con grandes salas y pasillos, y entre estas suntuosas paredes vi abundantes armas, selladas con la cruz, y una bellísima esposa. Esto me sucedió varias veces. En cierta ocasión me llamaron por mi nombre y yo dije que quería ir a la Pulla a combatir, y me respondieron: "¿Quién puede favorecer más, el siervo o el señor?" "El Señor", respondí yo. Y la voz: "¿Por qué buscas entonces al siervo en lugar de al Señor?" Y en aquel momento quedé desconcertado, como Samuel, y dije: "¿Qué quieres que haga, Señor?" Y él me respondió: "Vuélvete a la tierra de tu nacimiento, porque yo haré que tu visión se cumpla espiritualmente".
Yo no sé si entonces entendí algo o nada. Lo cierto es que, enfermo, volví a casa. Había sido el punto de mira de todos los ojos de Asís en mi marcha, pero lo era también a mi regreso, y a la admiración de entonces se unió el cuchicheo de todos por mi poco valor, por mi flojera, por mi poca valía...
En casa pasé mucho tiempo con ese aguijón de querer comprender el sueño y no descifrarlo..., cargado de calentura, desencajado, enfermo...

sábado, 12 de febrero de 2011

05 VIDA DE SAN FRANCESCO Anhelos de grandeza


Siendo un mozalbete, quise fardar, presumir de lo rico que era mi padre, invitando a meriendas y fiestas a mis amigos y a quienes me hacían la rosca por ese motivo; quise fardar con mi francés y con un poco de música que sabía -siempre me ha gustado cantar-, interpretando canciones juglarescas; quise fardar ante las chicas de mi pueblo, pues todas anhelaban la posición económica de mis padres; quise fardar..., y mis amigos me convirtieron en el jefecillo de la pandilla. Era juguetón, dicharachero, alegre y bromista, con los bolsos siempre rotos, ya me entendéis...; pero era también un buen trabajador en la tienda de mi padre, al que tenía que suceder en el oficio; mi padre soñaba conmigo y se alegraba del modo de llevar las cosas, aunque a veces se enfadaba porque despilfarraba bastante; pero decía que era cosa pasajera, que ya sentaría la cabeza... Bueno, él quería hacerme a su imagen y semejanza. Mientras tanto, me dejaba hacer y yo me lo montaba para pasármelo chanchi. Eran años de romanticismo, de soñar, de juventud...
El ser jefecillo no lo era todo. Había que destacarse en algo más, sobre todo en ser mayor, que entonces se manifestaba siendo "noble". Y se me presentó la ocasión en una guerra entre Asís, mi pueblo, y Perusa.
roca
Me explico. Destruimos el castillo -la "Rocca" lo llamamos nosotros-, mientras el duque Conrado de Urslingen, representante del emperador, había marchado a Narni a entrevistarse con los embajadores de Inocencio III. Ausente el duque, vencimos a la guarnición que había dejado, destruimos la Rocca y con sus piedras construimos la muralla de la ciudad y la convertimos en "república".
cabellero
Los nobles, siempre acostados a la sombra del representante imperial, siempre dominando sobre los "menores" del pueblo y sus tierras, sufrieron las consecuencias del levantamiento popular. Hubo muertes, incursiones y destrucción de sus palacios, castillos y tierras, obligándoles a exiliarse fuera de Asís. La mayoría huyeron a Perusa, entre ellos la familia de Clara, siendo ella de corta edad. Los castillos de las cercanías de Asís fueron demolidos y las torres dentro de la ciudad desmochadas; humillamos su altivez. Asís y Perusa nunca se llevaron bien, y ahora había un doble motivo para enfrentarse: ayudar a los mayores, a los nobles asisienses, a recuperar sus bienes, sus tierras y sus castillos y palacios, y, por otra parte, el deseo constante de Perusa de someter a Asís. Sí, sí, las dos ciudades se enfrentaron y la guerra fue cruel y larga.
Pero a lo que iba. Yo, Francisco, no era noble, sólo rico, pero me coloqué entre los caballeros porque era "caballero", era capaz de tener mi propia cabalgadura y mis armas de este tipo y mi escudero, y me puse del lado de los caballeros en la batalla de "Collestrada", cerca del puente de San Juan, y en la refriega caí prisionero con otros caballeros asisienses y pasé un año, más o menos, en la cárcel de Perusa.
Aquí, en un lóbrego calabozo, comprendí lo que es la soledad obligada, la enemistad y la envidia... Mi carácter jovial, alegre, abierto..., a pesar de la situación en la que nos encontrábamos, sirvió para romper barreras entre caballeros y nobles igualados por la misma prisión, los mismos grilletes, la misma humedad... y hasta las mismas enfermedades. Al final, logré que la amistad nos uniera a todos. Era la única luz que podía iluminarnos e infundirnos ilusión y esperanza.

viernes, 11 de febrero de 2011

04 VIDA DE SAN FRANCESCO Nacimiento


NACÍ CUANDO mi padre se encontraba en Francia. No recuerdo ni el día, ni el mes, ni el año. No lo creo importante, aunque lo es para los historiadores, que lo colocan, después de muchas disputas, a caballo entre el 1181 y 1182. Lo importante es la vida. Es la conversión. 


asis

Bueno, dejando a un lado las fechas, me bautizaron pronto, como solían hacerlo por aquellos años de finales del siglo XII, y me pusieron de nombre Juan. Juana se llamaba mi madre, Juana Pica; san Juan Bautista es el patrón de los comerciantes en lanas..., ¿nací el día de san Juan Bautista? En resumidas cuentas, el nombre de pila es Juan. Sin embargo, por este nombre nadie me conoce. Mi nombre propio hoy es un apodo: Francisco, "el francés", aunque ya hubo gente que lo llevó antes que yo. "El francés", ¿por el origen francés de mi madre, según sostienen algunos?, ¿por la estima que mi padre profesaba a Francia, de donde traía las finas telas, o por sus ferias...? Lo cierto es que aprendí a hablar francés y en esta lengua me hice juglar de lo humano y de lo divino.
Acerca de mi niñez poco es lo que recuerdo. Como hijo de Pedro de Bernardone y de la señora Pica -Juana Pica-, que eran ricos comerciantes de Asís, fui a la escuela de la iglesia de San Jorge. Ahí aprendí un poco de todo, hasta latín, un latín muy sencillo, nada clásico, pero a través del cual me pude expresar y comunicar. Mi lengua propia, en la que siempre me comuniqué con los demás, era el dialecto umbro. 

retrato

En cuanto a mi retrato físico, ya adulto, lo ha dejado bien delineado Tomás de Celano, mi primer biógrafo: "De estatura mediana, tirando a pequeño; su cabeza, de tamaño también mediano y redonda; la cara, un poco alargada y saliente; la frente, plana y pequeña; sus ojos eran regulares, negros y candorosos; tenía el cabello negro; las cejas, rectas; la nariz, proporcionada, fina y recta; las orejas, erguidas y pequeñas; las sienes, planas; su lengua era dulce, ardorosa y aguda; su voz, vehemente, suave, clara y timbrada; los dientes, apretados, regulares y blancos; los labios, pequeños y finos; la barba, negra y rala; el cuello, delgado; la espalda, recta; los brazos, cortos; las manos, delicadas; los dedos, largos; las uñas, salientes; las piernas, delgadas; los pies, pequeños; la piel, suave; era enjuto en carnes; vestía un hábito burdo; dormía muy poco y era sumamente generoso" (I C. 83).

jueves, 10 de febrero de 2011

03 VIDA DE SAN FRANCISCO ASIS


Asís es una ciudad muy antigua, recostada en las estribaciones del monte Subasio, escalonando sus casas, y asomándose al valle de Espoleto. Está situada en la Umbría, entre la Toscana y la Marca de Ancona. Fue fundada, nos han dicho siempre, por los umbros, dominados luego por los etruscos, quienes se fundieron con aquéllos. Más tarde ocuparon nuestras tierras los romanos; en la ciudad se encuentran importantes recuerdos de su civilización: el templo de Minerva, en la plaza del ayuntamiento, y el "foro", que se oculta y conserva bajo la misma plaza. Un hombre ilustre que nació aquí, en Asís, fue el poeta latino Sexto Propercio. 

asis 1

En mis tiempos, la ciudad era un poco más pequeña, pero tan pintoresca como hoy: con sus calles estrechas y empinadas, que ascienden, escalón en escalón, las faldas de la montaña. Un recuerdo especial merece la catedral antigua, la iglesia de Santa María la Mayor: aquí me bautizaron. En la misma pila bautizaron también a Clara, Gil, Inés, Bernardo, Pedro Cattani... Hoy se encuentra en la nueva catedral, dedicada a san Rufino, el evangelizador de mi pueblo. La catedral es una bella construcción románica, aunque ya en su fachada balbucea el gótico. Al lado se encuentra la casa de Offreduccio de Favarone, el padre de Clara, Inés y Beatriz.

asis

Un recuerdo especial también para la iglesia de San Jorge, donde aprendí las primeras letras, donde me enterraron y donde hoy se levanta la basílica dedicada a la hermana Clara.
Sin olvidar el palacio del Capitán del Pueblo y la torre municipal -del Comune-, en cuya pared todavía hoy se pueden apreciar las medidas oficiales de la administración civil: las medidas del comercio y de la construcción, tejas y ladrillos; el palacio de los Priores, la casa donde nací -aunque a veces a uno le hacen nacer en dos o más sitios- el palacio de Bernardo...
Coronando las terrazas sobre las que se asienta mi pueblo, está el castillo -la Rocca-. No es la de mi época, sino la mandada construir por el cardenal español Gil de Albornoz, quien reposó mucho tiempo en la capilla del Crucifijo o de Santa Catalina, en la basílica que lleva mi nombre. El castillo de mi tiempo fue destruido y con sus piedras levantamos las murallas, signo de libertad e independencia del poder imperial germánico.
Todavía hoy se puede contemplar, en los alrededores, la pequeña iglesia de San Damián, donde trabajé de albañil y donde comenzó a florecer la familia de las "Hermanas Menores", o "Damas Pobres", o "Damianitas", o también "Clarisas". No lejos se halla la capilla de la Porciúncula o de Nuestra Señora de los Angeles, donación que nos hicieron los benedictinos, hoy dentro de una monumental basílica del siglo XVI. Y a medio camino entre ambas capillas está Rivo Torto, la primera residencia de los "Hermanos Menores".
Cercanos a la cumbre del Subasio se hallan los restos de la abadía de San Benito, de la que recibimos la Porciúncula en renta por el módico precio de un canastillo de peces del Tascio; y bajando, "Las Cárceles", prisión para monjes rebeldes, luego utilizada como lugar eremítico.

asis 3

miércoles, 9 de febrero de 2011

photo art





"Joan D' Ark"

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cm 120x230 - 2004





"San Francesco "

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cm 118x170 - 2003

Private Collection





"Madonna of the Desire"

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gold and goldest altarolo
cm 71x56 - 2002





"Madonna of Asolo"

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cm 100x150 - 2001




"Battesimo Tramontano"

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cm 118x160 - 2001







"Saint Jo Martyr"

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cm 100x14 - 2000







"Magdalena Trans-pentita"

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cm 120x200 - 1998







"Sebastian's Martyrdom"

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cm 120x190 - 1998





"Madonna Lattea"

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cm 110x150 - 1997

Comienza haciendo lo que es necesario

Photobucket





'Comienza haciendo lo que es necesario,
después lo que es posible
y de repente estarás haciendo lo imposible', 

San Francisco de Asís.

martes, 8 de febrero de 2011

02 VIDA DE SAN FRANCESCO La Iglesia



A la Iglesia se la veía como hoy. Los burgos, barrios de artesanos, consideraban lejanos y conservadores a los monasterios y abadías; se les había detenido el tiempo, pues no se acercaban al pueblo cuando éste se alejaba de ellos. Eran mejor vistos muchos de los nuevos "movimientos religiosos", que compartían los trabajos del pueblo, las mismas necesidades, les hablaban en su lengua...
monasterio
A Inocencio III se le tenía en gran estima, pero se pensaba que quería mandar mucho, en todo. Es cierto que era un hombre abierto. Tendrá fracasos como la IV Cruzada, que no realizará su sueño; pero, por otra parte, habrá un momento renovador en la Iglesia con el concilio IV de Letrán, que apoyará la vuelta de muchos movimientos religiosos al seno de la Iglesia, recuperando muchos valores que de otra manera se hubiesen convertido en frente opositor a ella misma y así sirvieron de fermento. Inocencio III fue un gran jurista, un gran político y un hombre de profunda convicción religiosa y alma de gran espiritualidad...
Este fervor religioso popular mantiene las peregrinaciones a Jerusalén y a Roma para venerar a los apóstoles Pedro y Pablo, y a Santiago de Compostela a venerar el cuerpo del apóstol; se construirán monasterios, catedrales, hospitales...; realidades que nacen del arrepentimiento de una conducta nada ejemplar.
No voy a hablar de las órdenes de Caballería, las Militares, los juglares... De todos gocé algo. Me tocó vivir en medio de esta variedad de circunstancias. Era la mía, mi época, mi tiempo, semejante al vuestro. Creo que no se debe decir ni mejor ni peor. Mi tiempo.