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viernes, 23 de septiembre de 2011

Il mistero della tomba di San Francesco

I


"Quel che Francesco vuole dire che è inutile andare in Terra Santa per liberare i luoghi santi, che Betlemme può essere ovunque, anche a Greccio, purché Cristo sia nel cuore. Quello che Francesco fa è riaprire gli occhi di questo bambino morto, cioè riaprire nel cuore dei fedeli, quell’amore per gli altri che era assolutamente morto. Quindi l’invenzione del presepio mi sembra sia proprio la risposta di Francesco alle Crociate. L’essenziale non è sconfiggere, uccidere; al contrario, è far rivivere il messaggio di Cristo. Quel che è straordinaria è l’idea che Francesco ha avuto di andare, e per prima cosa parlare con i crociati, poi con gl’infedeli, e predicare in una maniera tutta diversa da quella che la Chiesa di solito faceva, e poi di ritornare cercando di far capire come fosse completamente inutile quello che si stava facendo e che produceva solo odio." Una sola radice condivisa poteva infatti accomunare i due campi avversi: Il Gesù dei Vangeli, e Quello stesso del Corano. Il comune messaggio di "pace e bene", che riunisce i popoli della terra in una sola "Ecumene". Tutti insieme in un'unica civiltà: ieri come oggi, insoluto problema della convivenza pacifica dei popoli. Francesco sapeva molto bene quel che voleva e ciò che faceva. La sua missione di pace sovrastava ogni capacità d'ordinaria comprensione da parte dei fautori della crociata. Elia e Francesco, che poi lo raggiunse, ambedue armati della sola Fede, portavano nel mondo musulmano "la parola sacra d'un Dio universale", messaggio che venne compreso e accettato dal Califfo. Il Sultano del Cairo -come non dice la cronaca richiamata- aveva dimostrato di possedere senz’altro una mente aperta, attenta ai problemi dello spirito, ed era un abile politico, ma era soprattutto "un Maestro Sufi", "un massone d’oriente iniziato all’arte regia", cosa che consentì di creare tra di loro rapprti più intensi, in quanto, secondo molti elementi, sia Franceco che Elia dovevano appartenere o avere forti legami con "la fratellanza massonica". A tal proposito abbiamo trovato un'altra botola, in un libro di recente pubblicazionw "il santo dal Sultano", di John Tolan, ed. Laterza, che parla dell'incontro tra il Sultano e Francesco e di "due bacchette" e di un "corno" d'avorio, regalati dal Califfo a Francesco, oggetti che si trovano nella teca nella "Cappella delle Reliquie" nella Basilica Inferiore". L'autore, a pag 333 del libro citato, riporta il pensiero di Idries Shah, che ritiene che Francesco fosse stato iniziato al sufismo in Francia, e fosse entrato nella tenda come "novizio", uscendone dopo 10 giorni come ";Maestro Sufi". Non fu quindi Francesco a "convertire" il Sultano, come ha cercato di sostebere l'agiografia ufficiale, ma questi a riconoscere le qualità inizitiche di Francesco, a cui trasmettere l'insegnamento del Profeta e dei Grandi Maestri Sufi, come Rumi, le cui poesie assomigliano molto a quelle dell'Assiate.

miércoles, 6 de julio de 2011

Pelicula Hermano Sol Hermana Luna

 





Es hermosa.
Hecha por Franco Zeffirelli, el mismo que hizo la clasica version de Jesus de Nazareth.
Es la vida de San Francisco de Asis







sábado, 4 de junio de 2011

daily photo art

Photobucket

Entradas en Italiano Io amo quel che ami tu.

Piangendo Francesco
disse un giorno a Gesù
Amo il sole,amo le stelle,
amo Chiara e le sorelle,
amo il cuore degli uomini,
amo tutte le cose belle.
O mio Signore,mi devi perdonare
perché te solo io dovrei amare.
Sorridendo il Signore
gli rispose cosi
Amo il sole,amo le stelle,
amo Chiara e le sorelle,
amo il cuore degli uomini,
amo tutte le cose belle.
O Francesco,non devi pianger più
perché io amo quel che ami tu.

miércoles, 25 de mayo de 2011

12 Vida de San Francesco Vamos a Roma


francisco_roma
Éramos ya un grupito. El pueblo, la gente de los alrededores, nos apreciaban. Es más, el mismo obispo Guido, a cuya disposición y obediencia siempre estuvimos, nos aconsejaba y nos estimaba. Desde el primer momento en que el Señor me regaló al hermano Bernardo y luego nos enriqueció con otros "dones" de hermanos, intentamos formar una familia. Tarda mos un montón en encontrar el nombre apropiado para bautizar al grupo. A mí me decían que era de la familia de Pedro de Bernardone; a Bernardo, de la de Quintavalle...; pero lo que queríamos era dar un nombre propio a este nuevo nacimiento en la sociedad y en la Iglesia, a esta plantita que brotaba de nuestro querer seguir el santo evangelio y vivir juntos, como hermanos -en "fraternidad"-, el ideal evangélico y ponernos al servicio del pueblo en la Iglesia y desde la Iglesia. Después de estrujar y dar muchas vueltas a la cabeza, de habernos bautizado con diversos nombres, al final decidimos llamarnos Hermanos Menores.
Ésta fue la razón por la que nos encaminamos a Roma. Queríamos tener una entrevista con el papa Inocencio III, es decir, queríamos una audiencia para conocer el parecer personal del Pontífice, pues ya conocíamos el del obispo de Asís. Con él nos encontramos en Roma. Él había venido a sus asuntos, acaso problemas político-religiosos, pero quizá más políticos que religiosos. Nosotros veníamos, como digo, para pedir permiso al Papa para poder vivir esta "forma de vida" que habíamos elegido. No se lo habíamos comunicado al obispo Hugo.
frailes
Cuando nos vio en Roma se entristeció mucho, pues pensaba que abandonábamos su diócesis para ir a otras; tal era la estima que nos tenía. Al tener conocimiento del porqué de nuestra estancia en la Ciudad Eterna, se alegró y nos ayudó cuanto pudo, particularmente a través de su amigo el cardenal Juan de San Pablo, benedictino, obispo de Ostia, un buen hombre, un hombre de Dios, pero no muy abierto a los movimientos de entonces, acaso por las tensiones y rupturas que muchos de ellos habían hecho con la sociedad y con la Iglesia. Cuando nos oyó y se informó de nuestro propósito, a pesar de que nos insistió una y mil veces en que optásemos por una de las formas de vida tradicionales dentro de la Iglesia, y ver nuestra negativa y testarudez razonada, se hizo nuestro valedor ante Inocencio III.
papa_honorio
También al Papa le costó mucho aprobar nuestra forma de vida evangélica, y eso que había abierto las puertas a muchos movimientos heréticos, logrando vivir el evangelio en la unidad y en la caridad. No me reveló la visión que tuvo, y que cuenta Celano, cuando en sueños vio a un pobre hombre sosteniendo la basílica de San Juan de Letrán, que se venía al suelo, y que luego Giotto pintó en la basílica Superior de Asís, como ya lo hubiese hecho el maestro de san Francisco en la Inferior. Pero sí que dije al Papa, en forma parabólica; que el Rey me había dicho que si quienes no viven según el evangelio comen de su mesa, más lógico es que lo hagan quienes son hijos suyos y viven según el evangelio.
Inocencio III estudió nuestra propuesta, deliberó con los cardenales; había entre ellos muchos reacios, por lo que nos hizo esperar un buen tiempo, que lo pasamos asistiendo a los enfermos en el hospital de San Antonio -de los Antoninos, lo llamaban-, cerca de San Juan de Letrán, y desempeñando otros trabajos manuales para ganarnos el sustento; hasta que, llamados de nuevo a su presencia, nos aprobó nuestro "propósito de vida" oralmente, y nos prometió muchos más favores para más adelante si tenía buenas noticias acerca de nosotros.
Esto es lo que queríamos. No pretendíamos de Inocencio III más que el "visto bueno" en esta nuestra andadura, y con su bendición, en la Iglesia y desde la Iglesia, vivir el evangelio para servicio al pueblo de Dios.